Recuerdos se agitan como el sauce al viento
como el remolino de colores en el patio
como el corazón que latía cuando de niño salté
colgado del árbol.
Bajo el parrón de su casa estaba silenciosa,
sus ojos mirando fijos a los míos.
dibujamos largas lineas de la vida
con lapiz de mina que pronto se borró.
Torcida la esperanza y efímero el canto,
cortada en pedazos decía una carta:
Extraño las tardes frescas,
acompañado de tu alegría, tu risa, tu voz.
Raudo el viento levantó el polvo
y la nostalgia, cedió.
Resuelto y parco el caudal del río
se llevó la tristeza y ahora, vivo yo.
Juan Eduardo, me haz impresionado... poesía clara y sutil, nostálgica como una tarde de estío bajo las copas de los árboles.
ResponderEliminarTus letras murmuran lo que tu alma quiere gritar.
Mis felicitaciones, poeta.